Suelo

El suelo y la tierra constituyen elementos fundamentales para el desarrollo sostenible. Precisamente, entre los Objetivos del Desarrollo Sostenible al 2030 (ODS), existen metas concretas orientadas a la protección de la tierra y el suelo, debido a la importancia que tienen tanto como soporte para la producción alimentaria, pero también en su dimensión más amplia, que incluye servicios y funciones necesarios para la adecuada conservación de los ecosistemas, así como de la diversidad biológica.

Si bien en español muchos usan indistintamente las palabras suelo y tierra, conceptualmente existen  diferencias que es importante considerar. De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas para la lucha contra la Desertificación, “por tierra se entiende el sistema bioproductivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación, otros componentes de la biota y los procesos ecológicos e hidrológicos que se desarrollan dentro del sistema”(artículo 1 e de la Convención).

El suelo, en tanto, es la capa más delgada de tierra, debido a que su formación es muy lenta, se le considera un elemento no renovable. Este componente, entrega bienes y servicios fundamentales para los ecosistemas, la vida silvestre que los componen y para la vida de las personas, tales como almacenar y filtrar agua, consumo de carbono, o también las condiciones para el cultivo de alimentos más saludables. De hecho, se estima que el 95% de la alimentación a nivel mundial, proviene directa o indirectamente de los suelos. Asimismo, alrededor de un cuarto de la biodiversidad del planeta se encuentra en este componente ambiental.

El desarrollo de los suelos está asociado a factores geológicos, geomorfológicos, climáticos y a la actividad volcánica que está presente en todos los eventos modeladores del paisaje natural (Casanova et al. 2004).


Más Información